Siguen los días raros.
La felicidad (con su consecuente emoción) llegó inesperadamente el sábado a la tarde cuando me había armado de paciencia y subyugado mi natural ansiedad en la espera de la respuesta que se dilataba.
La respuesta llegó.
Leí.
Releí.
Reí.
Lloré.
Disfruté.
Me deleité en la soledad de estar sola con mi noticia unos minutos.
La compartí y festejé.
Lo sigo haciendo. Festejo.
La sonrisa se me sale sola.
Hoy es tu cumpleaños y siento que no es casual.
No dejo de pensar que estarías orgulloso de mí.
Puedo ver el orgullo en tu sonrisa plácida.
"Te felicito, Gorda" -dirías abrazándome apretadamente.
Y yo... yo... yo.... Necesito tanto tu abrazo.
Tanto lo necesito que si cierro los ojos, te veo, te escucho y te siento.
Abrazándome.